lunes, 20 de julio de 2009

Sin tristezas.

Como Francisco se fue al trabajo sin acusar recibo de mis exigencias, llamé a un cerrajero, cambié las chapas de las puertas (llegará hasta el estacionamiento solamente) y con un radio taxi le envié toda su ropa al trabajo (Obvio que la nany le hizo las maletas). Y como jamás he sido depresiva ni he dejado que la tristeza me embargue, puse música entretenida bien fuerte y me puse a ordenar la ropa en el gran clóset que me quedó.

Después me senté en la terraza a reflexionar sobre el curso que tomará mi vida desde ahora en adelante. ¿Llamó a Juan Antonio y le cuento que estoy libre? ¿Le regalo Francisco a la rota teñida de rubia sin dar la pelea? Porque eso sí que me daría vergüenza: que todos supieran la clase de mujer que prefiere. Estaría en boca de todas las viejas gordas envidiosas, y eso ni pensarlo. Me tendría que ir del país por un tiempo bastante prolongado, mínimo.

Decidí llamar a la Lena y escuchar sus consejos. Lo primero que me dijo fue:

- Imaginémonos que te separas de Francisco, te quedas con el departamento, te da más plata, luego Juan Antonio deja a la japonesa y se casa contigo. ¿Ese es el plan?
- No suena mal.
- ¿Estás 100% segura de querer dejar a Francisco?
- Obvio, por algo le envié su ropa y le cambié la chapa a la puerta.
- Me refiero que estás actuando por despecho. Deberías dejar pasar unos días para pensar bien lo que quieres hacer.
- No tengo nada que pensar, Lena. Estoy enojadísima, vieras la rota última por la que me cambió.
- No te cambió por nadie. Te apuesto que es sólo una calentura, nada más. No hay amor, sólo sexo.
- ¿Cómo puedes saberlo?
- Porque si quisiera “cambiarte” por alguien buscaría otro tipo de mujer, no una rubia teñida. A todo esto, ¿cuándo me vas a mostrar las fotos?
- ¿Y para qué quieres verlas?
- Para ver como es la rota. La podemos ir a molestar a su trabajo, porque sabes donde trabaja, ¿o no?
- Sí, en un banco rasca en el centro. Pero no pienso ir, no quiero ni verle la cara.
- Entonces le piensas regalar a Francisco.
- No sé, Lena, la verdad estoy muy confundida.
- Pero tienes a Juan Antonio, el gran amor de tu vida. Te olvidas de Francisco para siempre, y finalmente cierras tu historia con él. ¿Qué te importa si Francisco hasta se casa con la teñida esa?
- Me muero si se casa con ella. No quiero ni pensarlo. Francisco es mi marido.
- ¿Te fijas? Entonces estás con rabia solamente. Déjalo que sufra unos días y los vas perdonando de a poco. Mandarle las maletas me parece un poco exagerado, pero supongo que debe estar harto asustado.
- Lena, ¿qué harías tú en mi lugar?
- Te juro que no sé. Supongo que lloraría, a Sven le pegaría un par de cachetadas y obvio que lo echo de la casa. Pero también me preguntaría que hice yo para que él se fijara en otra.
- No me parece, fíjate. No lo pienso hacer, tampoco. Si se fijó en otra es su problema, no mío.


Estuve toda la tarde en la terraza, pensando cuál es mi parte de la culpa en esta infidelidad. Y llegué a una conclusión: ninguna.

6 comentarios:

Voy y vuelvo dijo...

jajajaja

SRTA TEMPLARIA dijo...

Yaaa me puse al día con todos los capitulos q me habia saltado!!

Q lataaa!! haberme equivocado pense q la engañaba con la china!

Esperaremos el próximo lunes

Besos
PAU

Leslie Miranda dijo...

guaaaaaaajaja
puta la mina chistosa gueon oh!!
no tiene culpa? ay dios, pensar que existen gueonas así!
es tan pero tan gila, que lo único que le importa es que nadie sepa la guea, porque le da vergüenza! plop

ta bueno, espero la procsima entrega

celeste dijo...

de este capitulo, solo me sorprende descubrir lo paciente que es la Lena.
cada dia se pone mas interesante el relato, eso si.

Sabina Atalaski dijo...

Cha... yo le encuentro toda la razón a esta agilá... ella no tiene la culpa.

La culpa la tiene su mamá y su papá por hacerla tan re weona.

Sandra dijo...

Jajajaja... No hay caso con ella... jajajaj
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