lunes, 30 de agosto de 2010

La Mapuchita furiosa.

- ¿Viniste a ver al Javier?

- Hola, ¿cómo era que te llamabas?

- Marlene.

- Ah claro, Marlene. Mira, no tengo idea el porqué de tu pregunta. Vine a escuchar mi música favorita con mi amiga.

- No te hagas la tonta. Sé que andas rondando a Javier.

- ¿Rondando? ¿A qué te refieres?

- A que andas detrás de él. Debería darte verguenza, si eres casada.

- Qué latera que eres. Claro que soy casada, jamás lo he negado. Y no ando detrás de Javier, que imaginación tienes.

- Siempre supe que, aparte de cuica, eras cínica.

- Mira niñita, no tengo porque soportar tus insultos en forma gratuita. ¿Te podrías ir y dejarnos en paz, por favor?

- No me voy, porque la que se tiene que ir eres tú.

- ¿En serio? ¿Y cuál sería la razón?

- Porque estoy hasta la coronilla con tu cara de caliente persiguiendo al Javier. Él es mio.

- A ver mapuchita, ya soporté bastante tus roterías.

- ¿A quién le dices mapuchita? ¿A mi?

- ¿Ves a alguien más?

De ahí en adelante se me hace un poco borroso el panorama. Recuerdo haber sentido el vodka en mi cara, la Alison pegándole un empujón a la mapuchita, después sentí una cachetada de esta rota, la música dejó de sonar, Javier entre nosotras, que me calmara, la Alison le gritó (con muchos garabatos) que él se hiciera cargo de la mapuchita, que estaba como loca. Javier me pasó un juego de llaves y me repitió como cinco veces: ándate a mi casa, espérame allá. Que atroz, quedé como en shock, no atinaba a hacer nada. La Alison no quiso irse conmigo, No le doy el gusto a la mapuche esta, me dijo.

Me sorprendió, igual que en el almuerzo, lo ordenado y limpio que es Javier. Y como estaba de dueña de casa, puse la cafetera, me saqué el vestido (no podía llegar toda mojada a la casa) y me puse un polerón que encontré. Mientras me tomaba el café me dio como un ataque de risa medio nervioso, recordaba lo que había pasado con la mapuchita y no lo podía creer. Eso te pasa por meterte con rotos, me hubiese dicho mi madre.

Javier llegó una hora después, con cara de preocupado.

- ¿Te hizo algo la Marlene?

- Me pegó una cachetada, pero no me dolió. Debe ser por la adrenalina del momento.

- Que bueno que no te pasó nada. Es que la Marlene es de temer.

- ¿A qué te refieres con eso "de temer"? ¿Tengo que suponer que no es la primera vez que actúa como rota?

- Es que la Marlene es media posesiva, entonces entiende mal las cosas.

- Javier, habla claro. ¿Tienes o no una relación con ella?

- Es que relación no es, es sólo sexo.

- Bueno, la mapuchita me dijo que tú eras de ella.

- Chuta, ese es el problema. Como la Marlene canta, sabe mis movimientos y bueno, también sabe lo que me gusta y uno como hombre cae nomás.

- Bueno, te tengo una noticia: vas a tener que aclararle que tu dueña ahora soy yo.

lunes, 23 de agosto de 2010

Llevando a cabo.

Comencé mi plan de la siguiente manera: le dije a la Alison que averiguara (es íntima de las secretarias y los junior, cosas de ella) dónde se juntaba Francisco con la promotora rota pobretona esa. Sorpresa mía, su nido de amor es el departamento de ella. Me contaron que de chica trabajaba en esos team de verano y así se lo compró, me dijo la Alison.

Entonces, una tarde que Francisco llegó cansado y agotado del gimnasio (como si yo fuera tonta), le comenté con el tono de más inocente que pude: ¿Te conté que me encontré con la Cota García? Sigue igual de copuchenta y mala clase. Si hasta me dijo que había visto tu auto en un barrio de Providencia donde no tenemos ningún conocido, que tuviera cuidado por tu "historial". Pero no te preocupes, que no le hice ningún caso.

Francisco se quedó en silencio unos segundos, y luego se rió de la forma más nerviosa que le he escuchado. De esta manera andará con delirio de persecusión y - lo mejor para mí- con cargo de conciencia.

Después vino Juan Antonio y su frescura. Me envió el siguiente mensaje: "Te extraño mucho y cada día te pienso. Quiero verte". La Lena me consiguió el número de la china fea y se lo reenvié con el siguiente texto: por favor controla a tu marido.

Fue lo peor de lo peor, porque mi teléfono no dejó de sonar, primero desde el número de Juan Antonio y luego de otros números que no conozco. Llamé desesperada a la Lena y me dijo que la china estaba vuelta loca, porque Juan Antonio ha sido "un poco fresco" y la fea quería saber de mi boca la verdad. Le prohibí a la Lena que le diera mi dirección o algún dato de cómo ubicarme.

Finalmente, Javier. Usé la técnica antigua e infalible: la seducción. Fui con la Alison a una tienda donde nadie de mis conocidas jamás irá, y me compré un vestido ajustadísimo, negro con rayas blancas hasta las rodillas y con un hombro al descubierto. El jueves le dije a Francisco que iríamos a tomarnos algo con la Alison (feliz él, obviamente). En el jeep me puse las medias caladas y unos tacos altísmos, y partimos al concierto.

Llegamos justo cuando estaban tocando; Javier me dedicó una sonrisa y yo le cerré un ojo.

Lo malo fue que, a lo lejos, divisé a la mapuchita acercándose a nosotras con mala cara.

lunes, 16 de agosto de 2010

Desiciones.

La semana pasada me quedé en cama. Comencé el domingo, mientras esperaba que llegara Francisco feliz de su "retiro" en las Termas de Chillán. En realidad me vino una gran tristeza desde que salí de la casa de la Lena. Claro, podría haber llamado a Juan Antonio, haberme escapado con él a donde sea, pero no tenía ganas. No quiero ser su consuelo mientras la china fea lo espera en la casa.




Es que no lo entiendo: soy una mujer regia, educada, pero con mala suerte en el amor. Bueno, mi primer matrimonio fue culpa de mis papás, obvio: tuve que hacer lo que ellos querían, estudiar y casarme con alguien de nuestro círculo. Si tan sólo no hubiera conocido a Juan Antonio en esa época, quizás mi historia sería distinta. Y si me casé con Francisco fue culpa de él, porque se fue en estos eternos viajes a China o Japón y me dejó sola. Y yo no puedo estar sola, Juan Antonio lo sabe. Y claro, cuando pudimos estar juntos sin problemas, él va y se casa con la china fea.




Y ahora conozco a Javier y me doy cuenta que tenemos muchas, muchísimas cosas en común. Con la diferencia que él es un espíritu libre y yo sigo atada a lo que me enseñaron. Y a pesar de la mapuchita y de Francisco, estoy segura que él siente algo por mí.




Hasta el miércoles estuve en cama. Mandé a la nany que me arrendara un montón de películas románticas (que me encantan) y le dije a Francisco que durmiera en la habitación de huespedes. Se anduvo extrañando un poco, y cuando me preguntó qué me pasaba, aproveché de decirle que la tienda me tenía estresada, que yo jamás había trabajado y que ahora me lo imponía, que por eso me sentía mal, que era su esclava. Lo ignoré todo el tiempo, y el jueves me dijo que había hablado con James y que no había necesidad que yo volviera a trabajar. Sumado al cargo de conciencia por andar con la promotora rota esa, me pidió disculpas por obligarme a trabajar y me pasó la tarjeta para que me fuera de compras o a la peluquería.




Pasé todo el jueves y parte del viernes en un spa, tomando ciertas decisiones. Primero, le voy a cobrar esta a Francisco. Tal como me dijo la Alison en la prehistoria de nuestra amistad, mi marido vale plata, y por eso no me conviene dejarlo. Haré la vista gorda con respecto a la promotora rota pobretona, pero tendrá que volver a ser el de antes conmigo. Comenzaré con la temporada primavera verano por internet, para tener ropa que acá ni se ha visto.



Segundo, será la última vez que me deprimo por tonteras. Tercero: si Juan Antonio me manda otro mensaje para buscarme, se lo reenviaré a la china fea. Sin asco.



Y cuarto, voy a tener a Javier sólo para mí. Mapuchita, prepárate.

lunes, 9 de agosto de 2010

Qué hacer.

- Te juro que no te puedo creer que fueras a su casa a buscarlo. Si no te respondía los mensajes, por algo era.
- Es que Lena, te juro que somos como almas gemelas, por eso no pensé eso de él.
- ¿Cómo vas a ser alma gemela de un músico?
- Es que tenemos familias parecidas, con la diferencia que él fue la oveja negra y yo seguí al pie de la letra lo que mis papás querían para mí.
- Entonces es ilógico que tu alma gemela sea la oveja negra. Nosotras somos convencionales, seguimos las tradiciones.
- Es verdad, Lena. Pero no puedes negar que casarse con hombres así es harto aburrido.
- Me parece que Francisco lo pasa bastante bien. Se hace el tonto nomás.
- Ni me lo recuerdes. De seguro anda ahora con la promotora esa en las Termas de Chillán.
- Te desconozco amiga mía. Si cuando lo pillaste con la rota esa teñida te separaste, ¿por qué lo aguantas ahora?
- La Alison me convenció, con la excusa que así nosotras también podríamos andar tranquilas.
- ¿Tanto te gusta Javier que estás dispuesta a hacerte la tonta con la infidelidad de Francisco?
- Me gusta harto, la verdad. Es que lo pasamos tan bien en el sur. Déjame contarte: apenas terminaba de ensayar o tocar, estaba conmigo. Conversamos mucho, de la vida, de lo que nos gustaba, de la forma que fuimos criados...
- ¿Y qué diferencia tiene con Juan Antonio?
- ¿Por qué me preguntas de él? Te estoy hablando de Javier.
- Porque siempre dijiste que Juan Antonio era el amor de tu vida.
- Era, porque se casó con la china fea, ¿Te acuerdas de ese detalle?
- ¿Me estás diciendo que si estuviera soltero sí sería el amor de tu vida?
- No lo sé, Lena. No quiero hablar de él, te estoy contando de Javier y de lo raro que se puso hoy, que no me contestó los mensajes y que de seguro pasó la noche con la mapuchita.
- Más claro echarle agua: se quería puro acostar contigo. O como diría la Alison: estaba caliente contigo y se sacó las ganas.
- ¡Lena! No hables así.
- Es para que no te quede ninguna duda al respecto de tu Javier.
- No creo.
- ¿Entonces porqué se acostó con la mapuchita y no te contestó los mensajes?
- Probablemente porque está confundido con sus sentimientos.
- Los hombres no son como nosotras. Y fíjate que lo encuentro hasta cuerdo, porque como sabes que estás casada, no se hace ilusiones contigo. Aparte que al ir para el sur te entregaste fácilmente a él.
- No creas, si igual me tuvo que buscar.
- Bueno, ya que Juan Antonio no es más el amor de tu vida, que no te importa que tu marido ande con una promotora, que Javier es tu alma gemela según tú, ¿Qué haras ahora?
- No lo sé, Lena.

lunes, 2 de agosto de 2010

Qué se cree.

Dejé de mandarle mensajes a Javier avisándole que iba a estar sola el fin de semana, porque entendí que se le había perdido el celular, de lo contrario me hubiese contestado. Igual le consulté a la Alison si es que sabía algo, pero lo único que me contó fue que tenían los conciertos habituales.


No me quedó otra que ir directamente a su casa, aunque me deprima el barrio. Me estacioné al frente de su loft y estaba indecisa si bajar y tocar el timbre, o esperar un rato que bajara a comprar algo para almorzar, o que llegara un repartidor de pizza. O quizás estuviera durmiendo porque tocó hasta tarde el viernes. Iba a llamar a la Alison por si sabía algo, cuando vi salir a la mapuchita. La seguí por el espejo retrovisor, para asegurarme que no volviera. Entonces me bajé del jeep y toqué el timbre.

Javier estaba con un buzo viejo, con cara de sueño y un poco molesto.


- Estaba durmiendo, anoche me acosté tardísimo.
- Vine porque no contestaste mis mensajes. ¿Se te perdió el celular?
- No, no se me ha perdido.
- ¿Entonces viste mis mensajes?
- Claro que los vi.
- ¿Y por qué no me respondiste?
- Chuta, no sé. ¿Vienes a pedirme explicaciones?
- No, pero no te costaba nada mandarme un mensaje de vuelta.
- Esto me suena a regaño, y que yo sepa, no somos pololos ni pareja ni nada. Es más, tú estás casada.
- Eso no te molestó el fin de semana que te acompañé en el sur. De hecho pensé que teníamos algo, porque lo pasamos bien juntos, tenemos muchas cosas en común.
- Pero claro que tenemos cosas en común, pero lo que nos separa es muy grande.
- ¿Te refieres a Francisco?
- Obvio.
- Y la mapuchita también nos separa. La vi salir de aquí hace poco.
- ¿Hace cuanto rato estás acá afuera?
- Llegué justo cuando la mapuchita salió.
- No le digas así.
- ¿Se quedó contigo desde ayer?
- No tengo porqué contarte lo que hago o no hago con la Marlene o con nadie. Soy un hombre libre, y ella también.
- Te deseo lo mejor con tu libertad.

Me subí al jeep enojadísima, y me fui lo más rápido que pude. ¿Qué se cree el pobretón? Puede que venga de una buena familia, pero su vida dista mucho de la mía y de lo que yo quiero para mí. Llamé a la Lena para irme a almorzar a su casa, quizás un ambiente familiar me ayudaría a pasar la rabia. Claro que mi llamado no fue recibido como yo esperaba.

- ¿Ahora te acuerdas de mi? Harto botada que me tienes.
- Acepto que he sido una mala amiga este último tiempo, pero te lo puedo explicar todo.
- De seguro problemas con esos músicos. Te pasa por tonta, por no escucharme.
- En tu casa me retas, ¿puedo ir?
- Acá te espero.