lunes, 15 de junio de 2009

En su departamento.

Juro que en forma inconsciente me puse el juego de ropa interior que sé que a Juan Antonio le vuelve loco. Me di cuenta cuando iba manejando a su departamento, mientras revisaba mentalmente la ropa que me había puesto: botas altas, jeans ajustados, el suéter morado que hace que se destaquen mis ojos, y mi abrigo exclusivo que me había traído de Italia hace unas vacaciones atrás.

Iba con el estómago lleno de mariposas, pensando que si Juan Antonio está con la china fea, me quedo cinco minutos y me voy. Y si está solo y me va a decir finalmente que terminó con ella y que quiere que yo también termine lo mío con Francisco que le puedo responder. Me puse a pensar en esta posibilidad y cómo podría terminar mi matrimonio con Francisco y mantener mi estatus de vida. El departamento a mi me encanta, lo decoré y lo escogí yo, un poco antes de casarnos. ¿Me lo dejará o querrá que lo vendamos y dividamos la plata? Quizás a Juan Antonio le moleste la idea de vivir en el mismo lugar de mi anterior matrimonio y quiera que yo me vaya a vivir a su departamento, pero jamás viviré en el mismo lugar que vivió con la china fea. Claro que con la mitad de mi departamento más el dinero si él vende el suyo nos compramos uno al gusto de ambos para comenzar nuestra nueva vida… sería genial.

Nanako vuelve mañana, anda en un retiro, me dijo cuando entré. Recibió mi abrigo y me entregó un ramo de rosas rojas, hermoso la verdad. Me besó en la boca y me preguntó si quería un té de esos raros que toma. Parece que le dije que sí, porque llegó con uno que dejó en la mesa de centro. El departamento estaba igual que siempre, sólo había unas fotos de la china fea, que apenas miré.

Nos sentamos en el sofá, Juan Antonio me besó de nuevo… y así fue como terminamos en su cama.

Me da mucha vergüenza ponerlo por escrito (aunque sea yo la única que lo lea) pero hicimos el amor de una manera que me dejó sin aliento y feliz. Y también me di cuenta de cuanto extrañaba a Juan Antonio, su cuerpo, su risa, su pelo, su olor.

Conversamos de muchas cosas, abrazados, felices y desnudos. Recordamos nuestro pasado en común (menos los episodios tristes), comimos una ensalada de frutas exquisita que me tenía preparada, tomamos mi champaña favorita (se había preocupado de todos esos detalles) y me sentí feliz como hace tiempo no lo hacía. No quería ni mirar el reloj ni mi teléfono, ni levantarme de esa cama.

Claro que tuve que volver a la realidad cuando sonó su teléfono y se levantó lejos para hablar con la china fea. Aproveché de ver la hora (eran casi las 9 de la noche), tenía llamadas perdidas de Francisco y de la Lena. Con Francisco fue fácil porque no hablamos a cada rato; a la Lena la dejé para después.

Nos despedimos con un beso en la puerta de su departamento. Tenía tantas ganas de preguntarle que cuál es la idea ahora, pero por otro lado me sentía tan feliz y tan plena, que con sólo escuchar su “te llamo” me quedé tranquila.

Claro que manejando hacia mi departamento me comencé a preguntar ¿y ahora qué?

3 comentarios:

Sandra dijo...

Ufff!!!... Exactamente.. y ahora qué!!!???

Al menos se sacó el gustillo...jejeje

Saludos

Sandra

celeste dijo...

siiii!! se saco el gustillo, pero, sera capas de dejarlo asi?

SRTA TEMPLARIA dijo...

Y ahora?