lunes, 19 de julio de 2010

En el sur.

Tampoco tenía muchas ganas, pero la Alison me convenció: ¡será como volver a ser solteras!


El plan funcionó a la perfección porque Francisco con James estaba felices de estar sin nosotras tantos días. En el fondo daba lo mismo la excusa, aunque la Alison les contaba -como si de verdad la idea le entusiasmara- que estaba loca por ir a esa feria de diseño independiente en Valdivia, que ella nos haría la competencia con ropa de diseñadores nacionales y que yo era la única entendida en la matería, que debía acompañarla.


Así fue como el jueves en la mañana partimos. Dudé hasta el último momento en subirme al avión, porque recordaba la maldita cena y más rabia me daba con Javier.


- No seas tonta, si es obvio que Javier está loco por ti.

- Pero casi se comió con la vista a la pobretona esa que anda con Francisco. Que es mi marido, a todo esto.

- No lo puedes culpar que la mirara, si la tipa estornudaba y se le salía un pezón.

- Que atroz, Francisco sigue con pésimo gusto. Antes la rota esa teñida, y ahora esta aspirante a modelo, que ni para promotora le alcanza.

- Me alegra que no te importe que Francisco ande con ella. Si son calenturas, jamás nos van a dejar. Menos tu marido, que es tan formal para sus cosas.

- ¿No tienes miedo que James te deje por una de esas rotas?

- Es una posibilidad, por eso mismo firmé un acuerdo prenupcial.

- Sea como sea, si Javier anda con la mapuchita esa, me devuelvo de inmediato.

- ¿Y que te importa la Marlene? Debería darte pena, la vieras como anda detrás de Javier. Y de seguro va a estar, si es un festival de jazz.

- ¿Y cómo es el ambiente?

- Fíjate que me da lo mismo, yo voy sólo a ver a Gabriel y luego a la cama con él. El resto, me tiene sin cuidado.



En Valdivia me separé de la Alison; ella se fue a un hotel de mala muerte con los músicos y yo a una hostería preciosa, pequeñita, atendida por unos suizos. Me dediqué a recorrer la ciudad ese día, mientras la Alison me mandaba mensajes de texto, que fuera a ver cómo ensayaban, que Javier le preguntaba a cada rato por mí, que no fuera tonta. Después más mensajes para decirme dónde iban a tocar y a que hora.



En la noche me decidí: a primera hora del viernes me volvería a Santiago. O mejor que eso: llamaría a Juan Antonio para irme con él hasta el domingo a algún lugar, la nieve no porque de seguro me encontraría con todos mis conocidos. En fin, me arreglé y me fui al casino, para no pensar tanto y sentirme más en mi ambiente.

Llovía muy fuerte cuando tomé el taxi para irme de vuelta a la hostería; eran ya las dos de la mañana y había perdido harta plata, por lo que mi humor no era muy bueno. Puse el despertador del teléfono a las 7 de la mañana, para irme temprano al aeropuerto, llamar a Juan Antonio y olvidarme de toda esta tontera.

Y para colmo de males, nadie me habría en la hostería. Primero golpeé suavemente, mientras la lluvia comenzaba a mojar mis botas finísimas. No encontré el timbre, entonces -muerta de verguenza- grité ¡alo!

Javier me abrió la puerta, con cara de sueño: ¿Adonde te metiste? Te estoy esperando desde las 11 de la noche.

2 comentarios:

El autor dijo...

ya esta huea parece partuza

celeste dijo...

Y tenia las puras botas mojas?? le ira a costar mucho sacarse la ropa?? jajaja