lunes, 7 de diciembre de 2009

El sacrificio.

A regañadientes hice lo que la Lena me recomendó: visitar a Johann en su trabajo, de sorpresa, con un picnic. En realidad ella lo preparó todo y me pasó un canastito bien bonito, con una botella de vino blanco, dos copas, algunos sandwiches y algo dulce, me parece. También por su indicación me puse unos jeans y una blusa bien coqueta.

Llegué a la oficina de Johann alrededor de las 5 de la tarde, y con las preguntas del guardia en la entrada, más el aviso a su secretaria, se acabó la sorpresa. De todas formas me recibió con una gran sonrisa, que lo hacía verse más tosco, encontré. Me dijo que no podía porque estaba con mucho trabajo (lo que escuché con alivio) pero que más tarde sí, si no me importaba. Me despedí con una sonrisa coqueta, que no se preocupara de la hora, que el picnic estaría listo en mi casa a la hora que él llegara.

Desde mi casa llamé a la Lena para que me ayudara en mi casa. Llegó al rato y juntas hicimos un bonito ambiente en el living, con velas y varios cojines. Igual le dije que me daba lata tanto esmero, que Johann al final es muy aburrido y para nada atractivo, que si no fuera porque ya le entregué el regalo a Juan Antonio y le dije que iría emparejada, no volvería ver más al latero.

Me di un baño de tina, me puse un vestido bien primaveral, unas sandalias sin tacos, me perfumé, tomé un tranquilizante, me hice un vodka tónica y me senté en la terraza a esperarlo. Pasó bastante rato, porque me quedé dormida y me despertó el citófono. Eran las once de la noche; encontré una rotería que viniera tan tarde, pero encendí las velas y lo recibí con mi mejor cara.

Me trajo otro ramo de rosas (ahora eran rojas) y me dio un beso en la mejilla tomándome de la cintura, cosa que me cargó. Se sacó los zapatos y se sentó en el suelo, mientras yo le serví una copa de vino. Con una excusa fui al dormitorio a tomarme otro tranquilizante, porque estaba a punto de echarlo de mi casa. No quería verlo más. Por Juan Antonio hago todo esto.

Lo peor fue que cada cosa que le conversaba, él se me insinuaba, sin ningún disimulo. Y comía con hambre, con la camisa afuera, sin corbata, muy relajado, riéndose fuerte, cambiando la música a su gusto, contando anécdotas de sus viajes, de su trabajo. Yo sólo le sonreía con cara de interesada, hasta que se me acercó y me besó. Mi primer impulso fue darle una cachetada, pero luego recordé mi finalidad con él, y lo dejé.

Me siguió besando un rato, tocándome por encima del vestido, mientras todo el rato pensaba en Juan Antonio y su cara cuando me viera con él en su matrimonio, como para darme ánimo. Luego me tomó en brazos y me llevó al dormitorio.

Obviamente lo que hice con él no es amor, y si no me sentí tan mal fue porque veo a Johann como un instrumento para celar a Juan Antonio. A medida que Johann me besaba y me desvestía, menos me gustaba. Lo encontré torpe, brusco. Cuando se quedó dormido, me fui al baño, me di una ducha larga con harto jabón, me tomé otro tranquilizante y me fui a la terraza con un vodka tónica en las manos. Iba a esperar un rato para despertarlo, porque ni loca lo dejo que duerma conmigo.

5 comentarios:

Voy y vuelvo dijo...

suena a "es feo, tonto, tosco, bruto, pero igual me lo metio" todo sea por la causa jajaja

Leslie Miranda dijo...

Pobre hueona. Que triste su vida.

Sabina Atalaski dijo...

guajajaja... igual se la sirvió el Johann...

celeste dijo...

Y todo... para celar a Juan Antonio???

bellota_b dijo...

Uta! se parece a una amiga que tiene pegado el :
Me carga! y "come" igual.


¿No se irá a quedar tu amiga con el fomedad? es que no estoy informada de su situación conyugal...en una de esas la Lena está ideal para el bruto.