lunes, 7 de marzo de 2011

Se lo regalo.

Javier llegó muerto de cansado de su periplo veraniego: durmió 15 horas de largo. Me fue a ver al hostel, y tuve que buscar una excusa para que no entrara y viera lo avanzado que va mi loft/oficina y me llenara de preguntas que aún no le responderé.

Lo acompañé a comprar pan donde la señora Inés. Mientras Javier pagaba y se ponía al día con su marido de los asuntos del barrio, ella me dijo en un susurro: harán unos diez minutos que se acaba de ir la fresca esa. Estuvo tocando el timbre y mirando su celular todo el rato.

Mientras Javier se preparaba una paila con huevos, le pregunté por su teléfono. Lo dejé encima de la cama, me respondió distraído. Tratando de que no hacer ruido, revisé sus llamadas perdidas: tres de la mapuchita.

En la tarde me junté con la Alison, en la cafetería de siempre. Me trajo unas cremas para el pelo que cuesta encontrar en Chile, y me contó que con Gabriel las cosas ya se habían enfriado.
- Antes de irme las cosas no estaban como al principio. Cuando le conté que me iba por enero y febrero con mi Jimmy, ni se inmutó – encendió un cigarrillo mentolado, de seguro se trajo una maleta llena-. Confundí el amor con una calentura. Lo bueno es que a ti no te pasa, porque eres como más cerebral.

Le mostré el correo de Juan Antonio. Mientras lo leía, le expliqué mis planes de dejar a Javier para irme a vivir en mi hostel. Me miró seria:

- ¿No estarás corriendo muchos riesgos? ¿Dejar a Javier para irte a vivir a una casona medio derrumbada? Me parece hasta peligroso. Sobre Juan Antonio, lo único que quiere es acostarse contigo – me dijo mientras me entregaba el papel con el correo impreso, que llevo siempre conmigo-. Esa historia que es desdichado en el matrimonio y que su mujer no lo comprende es más vieja que la injusticia. Ahora si quieres pegarte un revolcón con él libre de culpas, déjale una llamada perdida y verás como corre a tus brazos.

Después le comenté de la mapuchita, de cuando fui a ver a Javier para su cumpleaños, cuando vino para el día de los enamorados, lo de esta mañana…

- Te juro que no entiendo cómo le haces caso a la Lena. ¿No te das cuenta que es una romántica? Jura que todos los hombres actúan por amor, o son unos fomes como su marido. Del tal Mariano ni idea, porque no lo conozco, sólo he escuchado de su fama de diseñador. Pero no te preocupes, que acá está este pechito para abrirte los ojos: obvio que se acostaron. Si Javier es hombre, y la otra le anda tirando los calzones, ¿tú crees que él se iba a negar porque tú estabas en Santiago? Por algo tú eres su primera pareja estable: no le conocías el pasado y la pésima reputación que tiene. Porque como la mapuchita no le exige nada, él puede ir por la vida acostándose con cuanta mujer se le ocurra. ¿O acaso nunca te llamó la atención que un hombre de su edad viviera solo? Si pues, porque es un caliente. No me mal interpretes, a mi me encanta Javier. Pero es la verdad. Yo que tú se lo entrego en bandeja a la mapuchita, porque de seguro esa tonta te anda buscando para enrostrarte lo del verano. Dile que se lo regalas.

Manejé lento de vuelta al loft. Tenía razón la Alison, ¿cómo no lo vi? Y me di cuenta que es la primera vez que un hombre me es infiel por calentura solamente, no por amor como mis dos ex maridos. Podía perdonar a Javier, pero la mapuchita seguiría allí, alerta. Además que ella es el tipo de mujer que no le importa quedarse con las sobras de otra.

La única salida victoriosa que me quedaba era ir a hablar con la mapuchita, regalarle a Javier, e irme del loft. Y de paso llamar a Juan Antonio, a ver si a Javier le iba a gustar verme con él.

1 comentario:

Sandra dijo...

Uyyy como se equivoca esa mujer!!